La estrategia del futuro – Ser o no ser…

Son muchos los referentes respecto a cómo establecer estrategias en la empresa. Innovadoras, funcionales, de desarrollo, conservadoras, oportunistas…. nos basamos en una situación de partida y establecemos el punto que queremos alcanzar.

Cada compañía define con su propio idioma el vector a seguir y el éxito consistirá en alcanzar ese objetivo. Por el camino hasta alcanzarlo encontraremos imprevistos que nos obligaran a hacer correcciones. En ocasiones las correcciones son sutiles cambios de enfoque, otras veces debemos realizar grandes giros y no siempre es por no haber definido correctamente el punto de partida o por errar en el cálculo del esfuerzo a realizar. La realidad es que, en el transcurso del ejercicio, los cambios externos unidos a la idiosincrasia de la empresa pueden transformar lo que a priori eran objetivos asequibles en inalcanzables. Es en ese momento en el que debemos tener la capacidad pivotar.

Pivotar es cambiar lo que sea necesario para seguir avanzando en el proyecto. Como lideres deberemos asumir la posibilidad de cuestionar todos los supuestos planteados.

Hay ocasiones en que la disyuntiva entre ambas opciones, mantener el rumbo o cambiarlo, se planteará de forma irremediable. Ten en cuenta que pivotar no supone un fracaso de tu plan, ya que si éste está bien planteado siempre tendrá cabida la flexibilidad y la capacidad de adecuación a la realidad.

Según un estudio de The Economist, realizado por más de 50 expertos acerca de lo que viene a partir de 2021, la mayoría de los cambios (o al menos los más importantes) se producen en el entorno laboral y en las empresas. Nacen nuevas necesidades y desaparecen algunos paradigmas.

Las personas desean volver a socializar, pero impera el trabajo a distancia. Desaparecen oficinas y son sustituidas por tecnologías disruptivas, los hogares se vuelven más tecnológicos y las oficinas que no invierten en tecnología corren el peligro de desaparecer. Los viajes pasan a ser casi exclusivamente de ocio o vacacional, el turismo se fortalece. La medición de la productividad no depende de la supervisión de un jefe. Se afianza el modelo de consumo por suscripción. La A.I. y el manejo de datos personales se vuelven estratégicos. Se imponen la formación a distancia, los canales de información, las redes sociales y el comercio online. La ecología, sostenibilidad y salud son protagonistas.

Con este panorama de cambios que han venido para quedarse, las organizaciones debemos revisar el enfoque de nuestras estrategias. El liderazgo es más importante que nunca y debe impulsar la cohesión y la profesionalización del equipo, el establecimiento de objetivos comunes y la alineación. La transversalidad cobra un papel fundamental.
Al plantearnos estrategias de futuro debemos abrirnos a diseñar planes conservadores conviviendo con estrategias disruptivas y la clave del éxito es el equipo y todo debería girar en torno a él. Más aún, la mejora de la competitividad y la eficiencia deberán ser las principales palancas de cualquier estrategia que nos planteemos a partir de ahora.

No podremos improvisar si es necesario con deficiencias en la estructura… y, es más que probable que tengamos que improvisar en algún momento.

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